Todos podemos ser agentes de cambio

5 Dic, 2013 |

La puerta de la sala se abre y varias niñitas se agrupan para darle la bienvenida. La saludan, la abrazan, le muestran sus dibujos. ¡Tía!, ¡Tía! proclaman las pequeñas para captar su atención. Ese es el inicio de cada una de las visitas que Mireya Vargas, trabajadora del supermercado Lider de Quillota, realiza desde hace 13 años a la Fundación Refugio de Cristo, dedicada a acoger niños cuyos derechos han sido vulnerados. “Para mí ser voluntaria es enriquecedor, me llena y me motiva”, señala. Así como Mireya, cientos de personas trabajan por el bienestar de otros a través del voluntariado. Sin importar la clase social, formación o edad, el trabajo por el prójimo sólo exige tener las ganas de ayudar y entregar.

Cada 5 de diciembre desde 1985, Naciones Unidas celebra el Día Internacional del Voluntariado, con el objetivo que millones de personas y organizaciones hagan visible el gran aporte que realizan a la sociedad. “El voluntariado se basa en los valores de la solidaridad y la confianza mutua y trasciende todas las fronteras culturales, linguísticas y geográficas. Al brindar su tiempo y sus conocimientos sin esperar una recompensa material, los propios voluntarios se sienten realizados, imbuidos de un extraordinario sentimiento de plenitud”, manifestó el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon.

El programa de voluntariado de Naciones Unidas (VNU) moviliza anualmente a cerca de 7.700 personas a nacional e internacional. En 2010, el chileno Juan Pablo Ramoneda fue uno de esos jóvenes que tomó sus maletas y cogió un avión rumbo a Calcuta, India, para ayudar. “Fue muy impactante ver la realidad de Calcuta, una ciudad en donde abunda la pobreza. Al mismo tiempo fue todo un desafío entender la cultura de India, ya que es absolutamente diferente a la nuestra. No fue fácil adaptarse a todo esto pero la cantidad de gente que está haciendo este tipo de voluntariado te motiva.  Al final te das cuentas que lo más importante es buscar cómo traer todo lo que viviste a Chile y poder reproducirlo acá”, indica Juan Pablo, quien estuvo dos meses trabajando como voluntario en las Hermanas de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta .

“A veces sentimos que lo que hacemos es tan sólo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”, indicó la Madre Teresa, Premio Nobel de la Paz. Está en nosotros el ponernos la camisa y poner nuestros conocimientos y entrega a quienes más lo necesitan. Así estaremos ayudando a construir una sociedad más inclusiva.

Por Belén Miranda

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