Un mundo más feliz

18 Mar, 2014 |

Cuando en 1972 el pequeño reino budista de Bután, enclavado en la cordillera del Himalaya entre India y China, comenzó a medir la calidad de vida de su población por la Felicidad Nacional Bruta (FIB), un indicador que postula que el desarrollo de la sociedad se encuentra en el equilibrio de los aspectos materiales y espirituales, reemplazando al Producto Interno Bruto (PIB), varias cejas se alzaron con extrañeza. La felicidad era más importante que el flujo de dinero en el minúsculo reino del Himalaya. Hoy en día su ejemplo es imitado. La felicidad, un estado emocional de satisfacción y alegría, ha dejado de ser materia exclusiva de los filósofos y se ha posicionado como una preocupación mundial y una de las prioridades en la agenda de Naciones Unidas.

De hecho, desde 2012, cada 20 de marzo se celebra el Día Internacional de la Felicidad, una jornada creada por la ONU para poner de manifiesto la importancia de la felicidad en la vida de las personas y la necesidad de incluir este concepto como base de las políticas estatales. Así, la ONU ha llegado a discutir el hecho que la felicidad se una a lista de los índices de desarrollo de los países. “Nuestra visión es la de un desarrollo que permita a las personas vivir más años, gozar de una vida más sana, recibir educación, tener acceso a una calidad de vida decente y tener la libertad de vivir la vida que desean. Nuestro enfoque, como el de Bután, equilibra los aspectos materiales y no materiales del bienestar y los desafíos principales del siglo XXI: alcanzar el desarrollo humano sostenible”, señaló la Administradora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Helen Clark.

Este nuevo enfoque echa por la borda la creencia que el desarrollo económico es el único indicador válido para medir el progreso de un país y coincide con la opinión de investigadores que señalan que comprar más o tener un PIB más alto no son la clave de la felicidad. Uno de esos investigadores es el Doctor Christian Kroll, de la Jacobs University en Alemania, quien realizó una estudio publicado por el Instituto de Estudios para el Desarrollo –Institute of Development Studies que arrojó que cada país tiene factores muy diversos al momento de determinar su felicidad. Los ingresos, la salud y la educación no significan lo mismo en Chile o en Canadá.

Nuestro país, pese a presentar altos índices de desarrollo económico, no encabeza los rankings de felicidad del mundo. De hecho, Chile ocupa el puesto número 43 entre más de 150 países evaluados en el Reporte de la Felicidad del Mundo, realizado en 2012 por el Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia. El estudio concluyó que el crecimiento económico no es garantía de felicidad pero si lo son la libertad política, la existencia de una estructura social fuerte y una menor corrupción, entre otros factores. A esto se suma salud física y mental, un trabajo y estabilidad emocional.

El trabajo es una parte importante de nuestra vida ya que pasamos ocho de las 24 horas del día en él. De acuerdo con un estudio realizado por la empresa multinacional de recursos humanos Adecco, un 98% de los chilenos señaló que ser felices en sus trabajos los hace más productivos.

La felicidad es un proceso, con un inicio y un fin, una sumatoria de momentos que podemos buscar siempre en las pequeñas cosas.

Por Belén Miranda

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