El futuro del planeta está en sus pequeñas manos

30 Dic, 2014 |

El cuidado del medio ambiente ha pasado de ser una moda a convertirse en una necesidad. El planeta cada día muestra más síntomas de desgaste y es nuestra labor el hacernos cargo del daño que hemos hecho durante siglos a nuestro ecosistema. Probablemente nuestros padres o abuelos no dimensionaban el daño que hacemos día a día al no respetar la capacidad de la naturaleza para  autolimpiarse o al sobreutilizar los recursos naturales. Pero de estas generaciones menos conscientes ha nacido una que está más sensibilizada sobre el cuidado medioambiental, más en sintonía con la naturaleza y más respetuosa de los procesos del planeta.

Hoy, está en nuestras manos instalar una cultura más sensible con el ecosistema, en la que no es necesario ser activista o “hippie” para adoptar un estilo de vida más sustentable. No es lo mismo adoptar un cambio de consciencia cuando se es adulto, que crecer en un entorno que estimule e incentive el cuidado del planeta, y esto se puede lograr con sencillos hábitos que, de ser aplicados por todos, podrían lograr que entreguemos el cuidado de la Tierra a una generación mucho más consciente que la nuestra.

Por ejemplo, enseñar a los niños a hacer uso responsable de los recursos naturales, como el agua y la electricidad, es un muy buen paso para comenzar en este camino. Es importante explicarles que no porque abramos la llave y salga agua, o apretemos un botón y tengamos luz, éstos son recursos ilimitados que podemos gastar a destajo. Involucrarlos en las decisiones y enseñarles para qué sirven las ampolletas de bajo consumo o a tomar duchas y baños más cortos puede marcar una gran diferencia en cómo se comportarán a futuro.

Otra buena costumbre que se le puede inculcar a los niños es la de caminar más y usar menos el auto, enseñándoles la importancia de descongestionar la ciudad y descontaminar el aire. Incentivarlos a salir en bicicleta y usarla como un medio de transporte también es muy útil, ya que no solo se les enseña a usar medios de transporte sustentables, si no que también a cuidar su salud mediante la actividad física.

Finalmente, familiarizarlos desde pequeños con las tres R -reducir, reutilizar, reciclar- es una excelente forma de formarles el hábito de ser más conscientes con lo que consumimos. Esta es una costumbre que mientras antes se adquiera, más fácil se hace para el futuro, y puede ir desde enseñarles a hacer compost -¿imaginas su cara cuando vean a los gusanitos moverse?- a utilizar los recipientes en desuso para hacer almácigos.

La oportuna enseñanza de la importancia de adoptar un estilo de vida responsable con la naturaleza puede generar cambios insospechados en el futuro del planeta. Nuestro ejemplo, junto con la creación de hábitos, nos ayudará a formar una generación más conectada con la naturaleza y que cuidará de la mejor manera el ecosistema que les heredemos.

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