La Humildad

30 may, 2013 |

“El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad”, Ernest Hemingway.

Si esta frase te parece difícil de entender, es porque tu visión sobre el valor de la “humildad” puede ser enriquecida, descubre a continuación a qué nos referimos.

Este valor se ha asociado erróneamente a conceptos relacionados con un complejo de inferioridad o sometimiento. Sin embargo, el mundo de la psicología lo presenta como la base para la auto-superación, dado que su motor reside en la grandeza de aceptarnos como somos y actuar de acorde a ello, con los pies bien puestos en la tierra.

La humildad es una actitud, no una reacción

La idea es incorporar la humildad como una actitud que se manifieste en los diferentes planos de la vida: como trabajadores, estudiantes, amigos, padres, hijos, parejas, entre otros.

Esta actitud, que la Real Academia Española (RAE) define como una “virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”, nos abre la posibilidad de ver el mundo con una óptica más aterrizada. Desde este punto de vista, considerarnos perfectibles nos da la oportunidad de hacernos cargo de nuestros errores sin taparlos, pedir ayuda y reforzar nuestras habilidades sin sobre dimensionarlas, perspectiva que nos permite, también, ver lo mejor de otras personas sin sentirlos como una amenaza y ganando todo un mundo de experiencia y  sabiduría.

Desarrollar una actitud de humildad también te acerca la posibilidad de moderar nuestras palabras, emociones, defender nuestro punto de vista y manifestar nuestras convicciones con templanza (y sin agredir a otros). Por el contrario, la  arrogancia, nos convierte en un esclavo de nuestras palabras. Como dijo Carl G. Jung: “A través del orgullo nos engañamos a nosotros mismos” alejándonos de todo aquello sobre lo cual podríamos tener certeza.

Durante el año 2011, el psicólogo de la Universidad de Maine, Jordan LaBouff, llevó a cabo tres estudios en los que participaron más de cien estudiantes universitarios y (http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/17439760.2011.626787#.UZ5PL9KEOSo) que dieron como resultado importantes hallazgos respecto a las personas con una actitud más humilde. Se demostró que aquellos genuinamente humildes, también demostraron ser altruistas, es decir, están más dispuestas a ayudar a otros. Además, concluyeron que suelen llegar más lejos en el trabajo.

 

Humildad y trabajo

En el ámbito laboral, lograr una actitud humilde es más difícil dado que muchas veces las metas generan un ambiente más competitivo y hostil, en el que nos vemos tentados por elevar nuestros logros para no parecer vulnerables. Sin embargo, para el legítimamente humilde, no son necesarios los reconocimientos ni halagos. El grupo de especialistas que acompañó a LaBouff definió a la persona humilde como alguien “aterrizado, que conoce sus fortalezas y debilidades, sin subestimarlas ni tampoco sobreestimarlas”, según explicó LaBouff.  Y aclaró “no se trata de decir ‘no soy bueno para eso’ y tener poca autoestima, sino saber conocer tus habilidades”.

Es por esto que esta cualidad es tan importante dentro de cualquier grupo humano, como por ejemplo, en un lugar de trabajo. Un colega humilde sabrá cuáles son sus limitaciones y estará más que dispuesto a recibir ayuda, logrando una convivencia laboral más armónica y un trabajo mejor llevado a cabo. La persona humilde se conoce a sí misma y no se ve como alguien superior ni perfecto, sino como alguien con cosas buenas y malas, una persona modesta, sincera y justa que no busca aumentar a toda costa su ego.

Se trata de tener un lugar como persona y sentir profundamente que en algunos casos tendremos más herramientas, pero en otras seremos pobres de ideas y debemos ser conscientes de ambas posiciones en todo momento. Tú eres simplemente tú, incomparable y único(a), y el resto también lo es.

 

Por Javiera Pérez y Kim Brierley

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