La nueva disyuntiva sobre el agua

14 Sep, 2015 |

Según datos de la ONG The Nature Conservancy, se espera que para el año 2070 la cuenca de la Región Metropolitana experimente una reducción de un 40% de su balance hídrico, es decir, el agua que entra versus la que sale del sistema natural. El reto no es exclusivo del país sino que responde a una situación global de escasez de agua.

Las causas de este fenómeno son variadas, por un lado están los efectos del calentamiento global que ha trastocado los ciclos hídricos naturales, afectando desde la temperatura del mar hasta los periodos estacionales de lluvia. Y por otro se encuentra la sobreexplotación del recurso por parte de la actividad humana.

Para satisfacer las necesidades de la sociedad se requiere de agua en determinadas calidades y cantidades, y no es sorpresa que las demandas por este recurso han aumentado en función del aumento de la población y de un crecimiento de las actividades industriales y un uso intensivo del recurso a lo largo de los siglos. Importante mencionar que sigue siendo un desafío lograr el equilibrio entre la demanda y la oferta.

En medio del debate las estrategias de sustentabilidad a largo plazo se dividen en dos corrientes, quienes proponen manejar la crisis con la ubicación estratégica de embalses, plantas de tratamiento,  innovaciones tecnológicas que permiten optimizar el uso del recurso, etc. Y los que prefieren invertir en recuperar las estructuras originales de la naturaleza para gestionar el agua –como humedales y vegetación ribereña—, que actúan como verdaderos filtros, embalses y reguladores de flujo hídrico.

¿Cuál escoger? Depende de la situación específica de cada país pero en el caso de Chile, debido a la influencia de la Cordillera de Los Andes –proveedora de la mayoría de nuestra agua y rebosante de vegetación para gestionarla—, es muy probable que la respuesta sea una combinación de ambos.

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