Un mundo sin discriminación

26 Mar, 2014 |

Nuestro color de piel puede cambiar de acuerdo a nuestra etnia o lugar de nacimiento. Así, alguien nacido bajo el frío y las escasas horas de luz de la península escandinava puede ser blanco y de ojos claros, mientras que alguien nacido en las tierras calurosas y milenarias de la India puede tener el cabello negro y los ojos oscuros. Lo importante es que el color de nuestra piel no nos define ni nos hace diferentes unos a los otros, algo que lamentablemente no muchos entienden y se cae en el racismo.

Es por este motivo que Naciones Unidas proclamó el 21 de marzo, como el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, el que busca eliminar todo tipo de discriminación étnica, xenofobia y todas las formas de intolerancia, que pueden ser fuentes de conflictos, genocidios y crímenes contra la humanidad como lo fue el holocausto judío en plena Segunda Guerra Mundial. El origen de este día se remonta al 21 de marzo de en 1960, fecha en que la policía sudafricana mató a 69 personas que protestaban contra el Apartheid, en Sharpeville.

En Sudáfrica, hasta 1992, el sistema de segregación racial del Apartheid mantuvo a negros y blancos separados totalmente. Lugares habitacionales exclusivos, la prohibición de matrimonios entre diversas étnicas, o el derecho a voto sólo para los blancos, eran parte del problema. El fallecido ex presidente y Premio Nobel de la Paz, Nelson Mandela, luchó para reconciliar a ambas partes y eliminar las diferencias.

“Yo tengo el sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter”, proclamó en 1963, el defensor estadounidense de derechos civiles, Martin Luther King, quien luchó incansablemente por lograr la igualdad entre ciudadanos negros y blancos en Estados Unidos. Hasta la década de los 60, las personas de piel negra sólo podían sentarse en la parte trasera de los autobuses o ingresar a establecimientos determinados para ellos.

Es por esto que este día nos recuerda que debemos tomar conciencia que todos nacemos libres e igual en dignidad y derechos, tal como está plasmado en el primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Ser tolerantes y marcar la diferencia depende de nosotros.

Por Belén Miranda

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